Para
la administración de la Universidad el nuevo "examen" sería una gran
jugada: plata y prestigio en un solo paso. Esperaban volver a ganar un
prestigio perdido hace años destronando al examen del ICFES de manera
que el examen de la UN fuese el nuevo parámetro en otras universidades
para elegir a sus nuevos estudiantes. En el aspecto económico esperaban
aumentar la cantidad de aspirantes pasando
de 100.000 a 200.000 manteniendo el valor de inscripción: una fuente de
dineros fácil en momentos que las arcas parecen vacías.
Estos
propósitos deseables fueron la base de un proyecto que carecía de
realismo: nunca se hizo nada para convencer al resto de instituciones de
las ventajas del examen UN sobre el del ICFES, se asumió de manera
infantil que los demás adoptarían una herramienta que no estaban
pidiendo. Por otro lado los diseñadores del sistema confundieron a los
potenciales aspirantes complicando las reglas (dejaba de existir el
único resultado admitido/no admitido, en adelante serian dos o más
resultados parciales) y adicionalmente los promotores reforzaron la
imagen de examen insuperable repitiendo hasta el cansancio que solo
pasarían los puntajes más altos. Lo ideal hubiera sido mostrar al
proceso de admisión como algo atractivo y al examen como una
herramienta de selección justa... pero esto de vender ideas no es el
fuerte de los burócratas de admisiones ni de los académicos convertidos
en gerentes.
Al final no fue mucho el trabajo que se perdió porque
la administración se limitó a cambiar algunas normas internas y a dar
declaraciones en los medios...en realidad se hizo demasiado poco en
este proyecto.
El examen de admisión en sí mismo no sufrió el
cambio radical que se enunció en varios titulares de manera equivocada
(fenómeno liderado por la Agencia de Noticias de la UN). Con un año de
distancia se puede respirar tranquilo porque no se realizaron las tales
innovaciones en el examen y los problemas se crearon en el proceso de
asignación de cupos, acá el examen no tiene culpa de nada, la culpa es
del proceso en el que se utilizan sus mediciones.
El resultado de
esta aventura académico-administrativa de bajo presupuesto es el
estancamiento en la cantidad de aspirantes que compran el PIN y
renovados ataques contra el examen de admisión que paso de ser visto
como un mal necesario a percibirse como una piedra en el zapato... lejos
están los sueños de alcanzar los 200.000 aspirantes al año y de
convertirnos en el nuevo supremo evaluador de los bachilleres
colombianos.
jueves, 29 de mayo de 2014
martes, 13 de agosto de 2013
Jaime Garzón se quedó pintado.
Las ideas de Jaime Garzón se
hicieron tan difusas que su imagen ha sido secuestrada por personas cuyo interés
en este personaje se centra en la forma en que murió y no en lo que pensaba. Garzón
en la UN se quedo pintado, quedo convertido en una
imagen para vender ideas ambiguas y hasta contrarias a las del humorista.
Garzón fue estudiante de la
UN en tiempos turbulentos y de cambio, de esas vivencias intento exponer el
siguiente mensaje para los que en ese año de 1996 eran los recién admitidos…
que diferente a la imagen que pretenden vendernos de Jaime Garzón y su relación
con lo público.
“La mayor responsabilidad que
tienen ustedes respecto a la Nacional, es no contribuir a destruirla.
La Nacional en mis tiempos
tenía una cafetería central, valía 3 pesos el desayuno, seis pesos el almuerzo y seis la comida. El
horario de uno: entraba a las siete, entonces venia a las seis y cuarto, se
paraba en las residencias (que eran unos cuarticos comodos con un lavamanos y
unas duchas comunes donde uno iba y se bañaba) venía desayunaba, salía a clase
de siete, ocho, nueve, diez, once, doce, una… salía hacia la cola para entrar a
la cafetería, almorzaba un almuerzo estudiado nutricionalmente, salía y dormía en
un sitio llamado “la playita” un lugar que queda cerca a la plaza Che Guevara y
después venia por la tarde aquí a dormir los conciertos que daba la Filarmónica
[…] y salía de aquí iba y comía y luego se bajaba a pie, arrastrando la
irresponsabilidad del tiempo hasta las residencias.
¿Dónde uno se puede dar esa
vida? Y lo único que hizo mi generación fue contribuir al cierre de la cafetería,
al cierre de las residencias y a crear un sistema ahí difícil de acceder que se
llamaba préstamo beca (no sé si todavía existe). Ósea que lo único que ustedes
pueden hacer es: o arreglar la Universidad, o seguir por el camino de la destrucción.
¿Como yo contribuyo a
arreglar la Universidad? cualificando el
nivel académico de la facultad, es decir estudiando, siendo pilo, porque no
tiene nada más que hacer. Usted se levanta a estudiar, a irse a la biblioteca a
estudiar […]
Espero que no vuelvan a la
casa con un cagadón hecho aquí, que no vuelvan a la casa a pagar el sacrificio
de sus papas con “que me echaron”, “me hice botar” o “mataron a mi amigo” o “me
hice matar” ¿en defensa de qué tipo de ideales?
El problema de la discusión con
la policía está superado, los policías no son el enemigo. Luego la pelea de ir
a la 45 o a la 26 a trancar el tráfico y quemar eso no creo
que haya aportado mucho, al contrario, nos ha quitado cosas: nos cercaron la
Universidad, nos quitaron las residencias, nos quitaron la comida. Es decir,
ustedes deciden si caminan hacia allá, ¡ó! si avanzan a otro lado […]”
Jaime Garzón Forero , extracto de la conferencia
para la semana de inducción en la UN, año 1996.
lunes, 8 de julio de 2013
No somos capaces de aprender del fracaso.
En los países del primer mundo también ocurren accidentes
resultado de errores: se estrellan los aviones, se derrumban los
puentes, se dañan las losas de las calles. En nuestro país es evidente que las
cosas también salen mal y de vez en cuando sabemos de errores que suceden en
proyectos de diverso tipo:
Un ejemplo de un error de ingeniera ocurrido en Holanda con un costo de millones de dolares.
La gran diferencia entre esos países que avanzan y el nuestro es
la reacción ante esos fracasos: mientras ellos aprenden, nosotros
tratamos de tapar el error lo más que se pueda y cuando sale a la luz entonces
tratamos de olvidarnos del asunto lo más rápido que podamos.
Los proyectos pueden fracasar y cuando sucede no solo
es importante seguir adelante, también es esencial aprender algo a partir de
los fracasos. En Colombia eso no pasa y pues debemos reconocer que en la
Universidad Nacional tampoco.
El nuevo proceso de admisión fue una mejora con respecto a un
proceso que no estaba funcionando bien pero son muchos los problemas nuevos y
errores que se produjeron en su primer implementación que se hicieron evidentes
en una pérdida del 10% de cupos disponibles para estudiantes nuevos.
Hace unos días fue publicada la oferta para 2014-1 en la cual se
realizaron cambios con respecto al proceso que acaba de pasar, pero los cambios
son superficiales: apertura de más grupos de inscripción de examen y menor
cantidad de carreras seleccionables en cada inscripción de carrera.
Estos cambios están orientados a mejorar las posibilidades de
ingresar a CUALQUIER carrera a las personas con mejores puntajes pero se olvida
por completo que se debería orientar mejor a los aspirantes sin importar el
puntaje obtenido.
Un aspirante que no pase a ninguna de las dos carreras que ha
seleccionado entonces será incluido en el siguiente grupo de inscripción de
carrera (ósea que efectivamente puede inscribir 4 carreras o más). El problema
no es que la gente entre a cualquier carrera, el problema es que los admitidos
entren seguros de sus intenciones de graduarse en esa carrera.
Aprendimos algo del primer intento fracasado: no. Ni siquiera
reconocimos el fracaso.
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